La primera Constitución del Brasil como República (1891), estableció un sistema presidencial y tres poderes independientes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
Esta estructura se mantuvo en las seis constituciones republicanas subsiguientes del paÃs, incluyendo la vigente en la actualidad, que fue redactada por una Convención Nacional Constituyente elegida en 1984 y formalmente promulgada el 5 de octubre de 1988.
La Constitución de 1988 incluyó una gran cantidad de conceptos nuevos, que abarcan desde la protección ambiental, el otorgamiento de mayores poderes al Poder Legislativo en su relación con el Ejecutivo, hasta la reelección presidencial inmediata, que antes estaba prohibida. Desde 1992 también se han incorporado a la Constitución importantes enmiendas relacionadas con cuestiones económicas.
Brasil es una República Federativa compuesta por 26 Estados (equivalentes a provincias) y un Distrito Federal, que es donde se encuentra BrasÃlia, capital del paÃs.
Cada Estado tiene su propio gobierno con una estructura equivalente a la federal, gozando de todos los poderes - definidos en su propia Constitución estadual - que no están especÃficamente reservados al Gobierno Federal ni a los Consejos Municipales. El poder ejecutivo de cada Estado es ejercido por un Gobernador, elegido por voto popular directo de acuerdo con la Constitución Federal. El poder legislativo unicameral es ejercido por la Asamblea Legislativa. El poder judicial sigue el lineamiento federal y tiene su jurisdicción definida para evitar cualquier conflicto o superposición con los tribunales federales.
A nivel municipal, existen más de 4.400 Consejos Municipales que son autónomos para tratar asuntos estrictamente locales. Los Cámaras Municipales actúan de acuerdo con las normas de la Ley Básica de Municipios.
Poder Ejecutivo
El Ejecutivo, con sus poderes claramente definidos en la Constitución, está encabezado por el Presidente de la República; éste y su Vicepresidente son elegidos por perÃodos de cuatro años.
Una enmienda a la Constitución efectuada en 1997 permitió al Presidente y al Vicepresidente ser elegidos por un segundo término consecutivo.
El Presidente designa a los ministros del Gabinete, que son directamente responsables ante él, y a quienes puede remover en cualquier momento. Un ministro puede ser citado a comparecer ante la Cámara de Diputados, el Senado, o cualquiera de sus comisiones.
Luiz Inácio Lula da Silva nació el 27 de octubre de 1945 en la localidad de Garanhuns, en el Estado de Pernambuco. Está casado con Marisa Leticia, desde 1974, y tiene cinco hijos.
Poder Legislativo
La legislatura nacional está constituida por el Congreso Nacional, compuesto por dos Cámaras, la de Diputados y el Senado Federal.
El número de miembros por Estado y por el Distrito Federal en la Cámara de Diputados es proporcional al número de su población.
Los Diputados son elegidos por perÃodos de cuatro años por medio de elecciones de voto secreto y directo dentro del sistema de sufragio universal (adoptado para todas las elecciones de cargos públicos)
El Senado está compuesto por tres Senadores por cada Estado y por el Distrito Federal, elegidos por un término de ocho años. El Senado renueva parcialmente sus miembros (un tercio y luego dos tercios) en elecciones celebradas cada cuatro años, que se llevan a cabo al mismo tiempo que las de la Cámara de Diputados. Un Diputado o Senador puede presentarse para ser reelegido sin restricciones.
Poder Judicial
Las facultades de la justicia están conferidas al Supremo Tribunal Federal, al Superior Tribunal de Justicia, a los Tribunales Regionales y a tribunales especÃficos para asuntos electorales, laborales, militares y otros.
Los Ministros del Supremo Tribunal, asà como los Jueces de todos los Tribunales, tanto a nivel federal como estadual (provincial), son designados de por vida.
El Supremo Tribunal Federal es la máxima autoridad del sistema judicial. Tiene su asiento en la capital nacional, BrasÃlia, pero su jurisdicción abarca a todo el paÃs y está compuesta por once ministros que son elegidos por el Presidente de la República, con la previa aprobación del Senado, atendiendo a su trayectoria y antecedentes en el medio judicial.
Una Nación Global
por Jorge Caldeira para la publicación Brasil en Foco
Las primeras impresiones de los europeos que desembarcaron en la América tropical variaron según la naturaleza de una época en que ciencia y misticismo todavÃa no se habÃan separado. Los lÃderes de la aventura eran personas que poseÃan los mayores conocimientos tecnológicos de su tiempo. Navegar en alta mar exigÃa, entonces, dominio de matemática, astronomÃa e ingenierÃa. Los navÃos que hacÃan viajes oceánicos eran construidos con la mejor técnica, dotados de los instrumentos más recientes y con el armamento más avanzado de la época.
Pero esto no bastaba para emprender viaje.La localización del destino dependÃa en gran medida de cálculosintuitivos, hechos, en general, a partir de relatos de viajeros. Eneste punto, la fantasÃa y la intuición eran tan importantes como losmejores conocimientos técnicos. Cada comandante tenÃa, por encima detodo, una hipótesis a comprobar, más que un rumbo a seguir. Cristóbal Colón, por ejemplo, creyó haber llegado no a las Antillas, sino aCipango (tierra que los historiadores asociaron más tarde a Japón).AsÃ, una vez alcanzada la nueva tierra, era preciso no sólo calcular suposición, sino también realizar todo un trabajo de confrontación parasaber si el lugar fÃsico correspondÃa al material que habÃa dado lugara la hipótesis inicial. Y, siendo el punto de destino un lugar nacidotambién de lo que hoy denominarÃamos fantasÃa, no habÃa por qué dudarde ninguna de las informaciones que habÃan generado la hipótesis.
Entre las posibilidades ofrecidas por las nuevas tierras, estaba la deque la región tropical serÃa la sede fÃsica del paraÃso bÃblico. Lasobservaciones de Colón en América le llevaron a ponerse de acuerdo conafirmaciones de algunos teólogos que discutÃan la posibilidad de llegaral lugar descrito en el Génesis: un sitio en la franja del Oriente,donde los dÃas eran iguales a las noches, la naturaleza exuberante,donde las personas vivÃan en pecado y sin enfermedades. En una de suscartas, Colón afirmó tener la seguridad de que la región respondÃa aesta descripción, y que sólo hacÃa falta recorrerla completamente parallegar al Edén: "Creo que, pasando por la lÃnea equinoccial, llegandoallÃ, está el paraÃso terrenal".
Eldorado
Hoy, con certeza, clasificarÃamos a losnavegantes portugueses que llegaron a Brasil como personas mucho másrealistas que Colón, que creÃa haber llegado al Edén. El primerdocumento sobre la tierra, del escribano Pero Vaz de Caminha, no llegaal punto de ir mucho más allá de lo que veÃan sus ojos, aunquesurgieran aquà y allá indicios de escenas paradisÃacas: "Allà andabanentre ellos tres o cuatro muchachas, muy jóvenes y gentiles, concabellos muy negros y largos por la espalda, y sus vergüenzas tanaltas, tan firmes y tan limpias sus cabelleras que, de tanto mirarlas,no tenÃamos vergüenza alguna". Esta ausencia de pecado originalreaparece en otros pasajes de su carta: "La inocencia de esta gente estal, que la de Adán no serÃa mayor, en cuanto a la vergüenza".
Con el transcurso del tiempo y las experiencias, la hipótesis de la existencia fÃsica del paraÃso pasó a ocupar la mente de un número cada vez mayor de viajeros. En poco tiempo se delimitó el objetivo: un gran lago, del que nacerÃan cuatro rÃos, en el centro del cual estarÃa Eldorado. Los contactos cada vez más numerosos con los nativos llevaban a creer en esta posibilidad. El sitio parecÃa ser el centro del continente sudamericano. Como tal, la laguna de Eldorado apareció en innumerables mapas hasta el siglo XVII.
La certeza del paraÃso era tal que, en poco tiempo, surgieron "escuelas" para demarcar los objetivos y el camino. Se exploraron dos vertientes principales. En la más "espiritual", si es que el término se puede aplicar a los viajeros de la época, se buscaba sobre todo el árbol de la Vida, plantado en el Centro del JardÃn de las Delicias, defendido por querubines y serafines. A su lado habrÃa una fuente, y aquel que bebiera de su agua se adueñarÃa de los secretos del Universo y la eterna juventud. El objetivo de la vertiente "materialista" era otro: rÃos de oro, palacios de plata pavimentados con piedras preciosas, torres de cristal y calles también de oro que caracterizarÃan la ciudad de Eldorado.
Todo ello ayudó a formar una corriente de visión de América como la tierra que remediarÃa los males sexuales, espirituales y materiales de Europa. Las nuevas tierras alimentarÃan deseos, esperanzas y bolsas - lo suficiente para convencer a cualquiera a embarcar en la aventura del nuevo continente. Pero el deseo de conquistas infinitas, al menos en Brasil, pronto serÃa aderezado con una secuencia de dificultades que llevarÃan a una rápida modificación de este panorama.
Realidad y convivencia con los Nativos
Recorrer la tierra en búsqueda de riquezasera una cosa; quedarse en ella, otra muy distinta. A medida que sesucedÃan los fracasos, la esperanza se amoldaba a la realidadencontrada. En Brasil, la realidad era que no se encontraban indiciosclaros de oro o piedras preciosas, mientras se multiplicaba la certezade que no todo era paz con los habitantes que parecÃan tan inocentes.De vez en cuando el cuerpo de algún aventurero era servido en banqueteritual por las tribus. Lo que parecÃa ser un camino fácil, setransformaba en una aventura insegura. En menos de tres décadas, elgobierno portugués llegó a la conclusión de que lo mejor que se podÃahacer, a falta de los minerales que abundaban en México, era explotarel potencial agrÃcola del lugar. Para la esperanzas de la época, era unconclusión casi desoladora.
Pero la decisión, sobre todo, plantearÃa un problema extraordinario: a partir de ella, serÃa esencial un modo de convivencia con las tribus del litoral brasileño, en su mayorÃa tupis. La ecuación no era precisamente sencilla. Brasil estaba ocupado por un inmenso conjunto de grupos autónomos. Eran millones de individuos, que hablaban por lo menos 170 lenguas, de troncos distintos. A excepción de la Amazonia, era raro el grupo que llegaba a mil individuos. Al no haber relación alguna de subordinación entre ellos, se hacÃa imposible la conquista de la tierra, como habÃa ocurrido en México, donde la destrucción del rey equivalÃa a conquistar la soberanÃa en todo el territorio del imperio azteca. En otras palabras, el establecimiento en Brasil implicaba el contacto grupo por grupo, y su permanente repetición.
Y, al contrario, por ejemplo, de lo que ocurrió en Estados Unidos, este contacto no podrÃa limitarse al trabajo bélico de alejar o masacrar a los ocupantes originales. El motivo era bastante sencillo: todo el acervo de conocimiento que se poseÃa en la época era totalmente inútil para la tarea de trabajar la tierra. El litoral brasileño estaba cubierto por la Mata Atlântica, la más rica variante de las Florestas Tropicales Húmedas. árboles gigantescos ocupaban toda la tierra, y bajo éstos vivÃan centenares de miles de especies completamente desconocidas para los europeos. Semillas traÃdas del viejo continente muchas veces no germinaban - y si lo hacÃan, nunca proporcionaban lo suficiente para el sustento. A veces, se morÃa de hambre a la sombra de un árbol que daba frutos comestibles, si la vÃctima lo supiera.
La fuerza de las armas estaba de parte de franceses, portugueses y españoles que se arriesgaban por Brasil. No habÃa ninguna dificultad para destruir una tribu a balazos. Pero este tipo de acciones no tenÃa ningún sentido, ya que el objetivo era ocupar la tierra de modo permanente. La percepción de una nueva realidad comenzó a nacer a partir de esta constatación, por la vÃa más fuerte: los casos de éxito de los que no seguÃan las reglas habituales.
Ocupación Efectiva
La ocupación efectiva del territoriobrasileño sólo se hizo posible cuando se estableció el acuerdo quepermitió a los europeos conocer algo de lo que sabÃan los indios - queera mucho más que lo que la fuerza de las armas permitÃa obtener. Losnativos conocÃan el uso de miles de plantas (para hacerse una idea, engeneral la farmacia común de las tribus incluÃa el uso de algunoscentenares de medicinas). ConocÃan sofisticados métodos de preparaciónde alimentos, el más importante de los cuales, en ese momento, era layuca. Cultivaban especies hasta entonces desconocidas (maÃz, algodón,tabaco, cacahuete eran los más importantes). SabÃan manejar lanaturaleza, dominaban las épocas de la plantación, circulaban en latierra en función de la búsqueda de los alimentos adecuados a cadaestación del año.
Los primeros europeos que tuvieron acceso a este inmenso conjunto de conocimientos fueron justamente aquellos que aceptaron el precio necesario - un precio que hizo nacer toda la fascinación y toda la incomprensión que marca hasta el presente la imagen del paÃs y su lugar en el mundo occidental. Para sobrevivir en Brasil, los europeos tuvieron que olvidar su sistema de valores y aceptar el de los indios.
Relaciones de parentesco
La única base posible de acuerdo era lacostumbre, principalmente tupÃ, que regÃa la aceptación de extraños enla tribu. Desde el punto de vista de los indios, la cuestión seplanteaba de la siguiente forma: toda la estructuración cultural de latribu estaba montada a partir de las relaciones de parentesco queidentificaban a los miembros del grupo. La idea de individuo, esencialen la cultura europea, era un contrasentido para los indios. Vivir enla tribu significaba tener un lugar en la cadena que los unÃa a todospor lazos de parentesco y organización de matrimonios. Sólo en lamedida en que se le reconocÃa por su posición relacional, podÃa unindividuo formar parte del grupo. De este modo, sólo habÃa dosposiciones posibles para alguien de fuera: enemigo o pariente.
La diferencia extrema indicaba la opción radical. Aceptar a alguien de fuera equivalÃa a casarlo con algún miembro del grupo. Los primeros en conocer esta alternativa, en general, fueron los náufragos. Recibiendo una mujer se transformaban en parientes de todos los miembros del grupo, dueños de un pase directo de la probable muerte a una más que satisfactoria intimidad. Estos primeros europeos casados según la costumbre indÃgena enseguida se convirtieron en piezas fundamentales para la organización de las relaciones cada vez más frecuentes con otros europeos.
En vez de volver a casa cuando aparecÃa otro barco, disfrutaron de su doble condición de indios y europeos para implantar una nueva etapa. Habituados a las costumbres comerciales de sus iguales, obtenÃan de sus parientes, según la costumbre tradicional de ayuda ya existente en las tribus, productos para el abastecimiento de las naves que se cambiaban por artefactos de metal y objetos que podrÃan ser útiles para la vida en la selva.
La nueva situación supuso un gran progreso para el náufrago-comerciante. El dominio del uso de instrumentos de hierro - que enseguida se convirtieron en mercancÃa básica en los trueques - representó un progreso inmediato para sus parientes. El tiempo necesario para cortar un gran árbol con hacha de hierro era infinitamente menor que el exigido por las hachas de piedra - y era necesario cortar muchos de esos árboles para abrir un simple claro para cultivar en la selva. La posibilidad de obtener los instrumentos europeos era el paso directo hacia una posición de alto prestigio dentro de la tribu, que se traducÃa en la costumbre local: la oferta de mujeres de otros subgrupos (la poligamia entre los indios en general era vista como un premio a los más capaces), que favorecÃa un mejor acceso a los beneficios obtenidos por el nuevo pariente.
Civilización y Tentación
Para náufragos de vida miserable, educadosen la tradición del matrimonio cristiano, era un camino tentador. Elprimer siglo de la historia brasileña está poblado de europeos queaceptaron el camino - y abandonaron por completo eventuales planes deregreso a la "civilización". Hasta hoy hay algo de eso en la imagen delpaÃs: una naturaleza exuberante, un pueblo alegre, pero también unatierra de pecado, que corrompe valores - para alejar la tentación de ladisolución de la identidad, por tanto, una tierra que necesita servista de modo negativo, como poco seria o nada civilizada.
En poco tiempo, los que aceptaron la fórmula necesaria para convivir en la nueva tierra sufrirÃan la reprobación de sus iguales: gente que abandonó la religión y las costumbres cristianas para adherirse a los salvajes. Pero también, al mismo tiempo, serÃan tratados como lo que efectivamente eran: piezas fundamentales para la ocupación del territorio, poseedores de los secretos de la floresta, influyentes para controlar la fuerza de las armas de la tribu, proveedores de mercancÃas, agentes con los cuales era al menos posible negociar según los términos europeos. Sobre ello se asentarÃa todo el peso de la aventura de construir la civilización occidental en los trópicos - y la repugnancia de reconocer que habÃa que correr el riesgo de la pérdida de identidad, dejar que el alma fuera llevada por lo que parecÃa salvaje, para que la obra fuera posible.
En la doble condición de condenado y fundamental nacÃa el brasileño, hijo del matrimonio inicial. Ya no exactamente un europeo, ni tampoco un indio. Identificado con un padre que muchas veces no le reconocÃa, educado en las costumbres de la madre, a la que muchas veces no reconocÃa.
Fusión de Costumbres
La multiplicación de los puestos deocupación generados por los matrimonios permitió, muy pronto, eldesarrollo de otro tipo de arreglo, también basado en las costumbresindÃgenas. A fines de la primera mitad del siglo XVI, fue posibleconstruir una estructura de fusión de culturas más aceptable a ojos delos europeos. En este caso, lo fundamental fue la costumbre empleadapara establecer alianzas con tribus vecinas. En la base del acuerdoestaba la oferta de mujeres a jefes de las aldeas vecinas. Estasmujeres debÃan abandonar las costumbres de su propia tribu para adoptarlas de su nuevo marido.
Esta costumbre fue adoptada a la larga en los dos puntos donde progresó la ocupación: Pernambuco y São Vicente (São Paulo). En los dos casos, náufragos casados con varias indias - Vasco Fernandes Lucena y João Ramalho respectivamente - elaboraron grandes acuerdos con los grupos locales a partir de matrimonios de alianza montados de esta forma. Asà se poblaron las primeras ciudades: hombres europeos casados con indias. Inmediatamente después del establecimiento de las relaciones, la llegada de curas permitió que éstas se encubrieran a los ojos de Occidente. La simple fórmula de aceptación de la religión católica, sacramentada por el bautismo, permitÃa la construcción de una nueva identidad civil para las indias, que pasaban a ser tan "blancas" como "indios" eran los europeos casados en las tribus.
La ventaja de esta segunda fórmula, convertida en casi obligatoria por los portugueses, era la posibilidad de mantener las apariencias de pureza de sangre, que enseguida fue objeto de especial aprecio entre los brasileños - y en torno la cual se acabarÃa estructurando en un primer momento el juego polÃtico de la colonización - y más tarde la propia fuerza de la nacionalidad, dos siglos más tarde.
Brasileños
Aceptando o rechazando el aval a lacondición "europea" de acuerdo con las conveniencias del momento, elgobierno portugués pronto garantizó un instrumento que le permitirÃamanejar a los coloniales. En los momentos que le interesaba, concedÃatÃtulos que legalizaban formalmente la pureza de sangre, necesaria parala obtención de cargos o la satisfacción del alma. En otros, castigabaa los que se desviaban, valiéndose principalmente de la Inquisición.Nunca está de más decir que, en Brasil, la mayores vÃctimas de la Inquisición fueron brasileños, en general condenados por abandonar lafe y aceptar las costumbres indÃgenas del matrimonio fuera de la Iglesia o de la poligamia.
De algún modo, la fuerza del instrumento vale hasta hoy en dÃa. Los brasileños siguen siendo especialmente sensibles a la acusación de no ser "blancos", o por lo menos tan blancos como deberÃan ser. El epÃteto tiene un gran peso cultural, incluso después de perdida su función primordial con la Independencia. Las innumerables manifestaciones culturales construidas a lo largo de los siglos de fusión que identifican a los brasileños como "distintos" frente a los europeos - carnaval, cocina, libertad de costumbres, etc.- son vistas con enormes reservas por las élites locales, que han heredado e interiorizado la creencia en la superioridad "blanca" y que se consideran diferentes del "brasileño común" justamente por tener más educación europea o mayor relación con centros "más avanzados". AsÃ, el mayor de todos los frutos del contacto racial - el fruto que vale no sólo para Brasil, sino también para toda la civilización occidental - sigue teniendo un gusto todavÃa demasiado exótico. Pero es, sin duda, la mayor marca que el paÃs ofrece.
Apertura a lo Nuevo
Pocos lugares del mundo poseen un grado deapertura hacia lo nuevo como Brasil. La base de ésta es justamente lademocracia racial que se ha venido construyendo a lo largo de lossiglos. Oculta por el prejuicio racial de parte de la élite, que estávigente de un modo muy mitigado (si se compara, por ejemplo, conEstados Unidos o Europa), esta costumbre permitió la construcción de undemocracia polÃtica efectiva en un paÃs que lo tenÃa todo para noposeerla.
Sobre la base inicial mezclada, se montó una sociedad esclavista. Pero que, a pesar de ello, nunca consiguió eliminar la costumbre ya convertida en tradicional - y que podÃa verse cada dÃa en hijos de blancos con negros, negros con indios, mulatos con blancos, blancos con indios. Esta gente, condenada como inferior, consiguió transformar la condena en identidad, en el momento de la Independencia. Es una identidad tan fuerte que no llegó a haber división en el territorio, disputas polÃticas internas de mayor importancia. Por el contrario, la nación se construyó en base a arreglos que muchas veces parecÃan disparatados a los ojos de los europeos - e incluso de muchos brasileños - pero que funcionan hasta hoy de manera un tanto inusual.
El deseo de democracia en Brasil se traduce, desde el siglo pasado, en una arraigada creencia en la necesidad de distribuir el poder a partir de mecanismos de representación polÃtica. Desde 1823 hay elecciones nacionales en Brasil, y desde entonces con una apertura hacia el registro de electores poco corriente incluso para los estándares de las democracias europeas. El Congreso Nacional, dÃgase lo que se diga de él, funciona con la regularidad de un reloj desde hace 175 años. únicamente en tres ocasiones, en toda la historia del paÃs, los diputados elegidos no cumplieron sus mandatos. La fuerza del Congreso es tal que ni siquiera la dictadura militar de los años 60 pudo prescindir de él. Incluso los dictadores saben que el paÃs es ingobernable sin representantes elegidos.
La fuerza del Congreso existe porque está anclada en una gran fuerza social. La sociedad de esclavos ha sido capaz de transformarse absorbiendo una inmensa cantidad de inmigrantes y, más que eso, fundiéndose con ellos. El hábito de considerar atractiva cualquier posibilidad matrimonial, independientemente del origen étnico, consiguió prevalecer sobre la tendencia al cierre que caracterizaba a la mayor parte de los grupos inmigrantes. Y asà como absorbe personas venidas de fuera sin perder su identidad, Brasil absorbe empresas. La primera empresa de capital extranjero del paÃs se instaló en 1825 y funciona hasta hoy. Nunca una empresa propiedad de extranjeros ha sufrido modificación alguna en su régimen de propiedad fuera de los estrictos términos de la ley.
Estas son sólo algunas de las consecuencias de la estructuración fundamentalmente democrática del paÃs. Brasil es una de las últimas provincias de la tierra donde nadie es extranjero, donde es posible cambiar un destino sin perder la identidad. Y esa es, precisamente, la caracterÃstica que hace que muchos se refieran a él como "el paÃs del futuro": desde la Colonia (1550-1822), pasando por el Imperio (1822-1889) y durante la (1889 hasta hoy), la globalización es parte de la naturaleza de cada brasileño. Tal vez ahora se pueda ver a Brasil como semilla de una realidad cultural donde el orgullo de grupo no está por encima de la posibilidad de aceptar lo nuevo.


