La agricultura

Desde los primeros años de la era colonial, la agricultura ha sido la plataforma central de la economía de Brasil; tal ha sido su importancia, que el producto de sus cultivos constituyó la primera conexión entre el país y la economía mundial.

La economía agraria estaba basada en grandes extensiones de tierras dedicadas a un solo tipo de cultivo que dependía de la mano de obra esclava para su producción y se dedicaba a la exportación.

Ya en un comienzo con la caña de azúcar en el siglo XVI, las tendencias económicas del país han sido influidas por una serie de ciclos agrícolas de gran prosperidad que concluyeron estrepitosamente. Ese fue el caso de productos como el azúcar, el algodón, el cacao, el caucho y el café.

Aun así, durante la década del 70 hubo un incremento general en la cantidad de productos agrícolas exportados. La producción de soja superó la de los productos agrícolas tradicionales como el café, el cacao y el azúcar, y tanto el volumen como el valor y la variedad de los productos agrícolas semi-procesados y manufacturados aumentó sustancialmente. Esta evolución se debió en gran medida a los incentivos del gobierno para favorecer la exportación de bienes procesados por sobre la de materias primas sin valor agregado.

La agricultura en los años 80 continuó jugando un papel significativo en la economía del país, ya que por medio de incentivos fiscales y facilidades de crédito especiales, el gobierno federal promovió fuertemente una mayor eficiencia de los sectores rurales. Más aún, se hicieron esfuerzos para evitar el traslado de personas desde las áreas rurales hacia las urbanas al concederles beneficios sociales; establecer esquemas racionales de reforma agraria; estimular a los poseedores de pequeños terrenos improductivos y, en general, al mejorar la calidad de vida en las zonas alejadas de los centros urbanos. Gracias a esa política, entre 1980 y 1993 la producción rural creció entre el 3,4 y el 4% anual.
A principios del siglo XXI, Brasil continúa siendo el mayor productor mundial de café (3,6 millones de toneladas en grano -un tercio de la producción global-) y de azúcar obtenido de caña de azúcar (347,5 millones de toneladas); segundo entre los productores de soja 37,7 millones de toneladas); tercer productor de maíz (41,5 millones de toneladas); y cuarto en la producción de cacao (186.000 toneladas en grano). Los numerosos programas implementados en las dos últimas décadas para promover la diversificación de los cultivos han logrado resultados impresionantes; la producción de granos ha crecido constantemente, e incluye trigo, arroz, maíz y principalmente soja. Productos antes de extracción forestal como el caucho -alguna vez el elemento protagonista de las exportaciones brasileñas-, las nueces de Brasil, las castañas de cajú, las ceras y fibras, provienen ahora en su mayoría de cultivos especializados.

Gracias a su amplia variedad de climas, Brasil produce casi todo tipo de frutas, desde variedades tropicales en el norte (entre ellas diversos tipos de nueces y paltas), hasta enormes cantidades de cítricos y uvas en las regiones templadas del sur. En 2001, mantenía su lugar como mayor productor y exportador de naranjas y jugo de naranja del mundo; las plantaciones brasileñas producen el 30% del total mundial que es de 53,6 millones de toneladas. Durante los últimos veinte años, las naranjas han sido un importante producto de exportación del país, especialmente en la forma de jugo concentrado.

Brasil también se ubica en segundo lugar entre los países productores de carne bovina (6,6 millones de toneladas), y segundo en ganado bovino en pie (169.875.524 cabezas). Casi la mayoría del ganado -cerca del 80%- se cría para la obtención de carne, mientras el 20% restante se dedica a la producción lechera.