Para lograr un mejor equilibrio entre el consumo de petróleo en Brasil y su producción de crudo, se realizaron intensivas investigaciones desde fines de los '60 hasta principios de los 70 destinadas a identificar una alternativa del petróleo, que fuera económicamente viable como fuente de combustible.
El Programa Nacional del Alcohol (PROáLCOOL) creado en 1975, comenzó con la producción del combustible etanol, anhÃdrido de caña de azúcar, el cual estaba combinado en un 11% con nafta. En 1979, el programa se extendió para incluir la producción de alcohol hidratado, el cual se utilizaba puro para alimentar vehÃculos nuevos o convertidos a ese sistema. El punto más alto se alcanzó en 1986; ese año el 95% de los automóviles nuevos vendidos eran impulsados por alcohol, y la flota de tales vehÃculos ascendÃa a cuatro millones y medio de unidades.
En la actualidad, solo el 25% de los vehÃculos que circulan en Brasil funciona con ese combustible; problemas tales como la escasez de la alconafta (como también se conoce a este sucedáneo de la gasolina) en 1990, y más recientemente el aumento del precio al punto de ser la alconafta más cara que la nafta común, hicieron que los consumidores no se animaran a seguir comprando vehÃculos impulsados por alcohol.
En suma, Brasil cuenta con tecnologÃa y equipamiento capaz de mantener una producción anual de 16.000 millones de litros de combustible de alcohol y de exportar la tecnologÃa para uso como combustible, equipos y servicios. Al reducir el nivel de monóxido de carbono liberado por los vehÃculos automotores, el PROáLCOOL contribuye con los esfuerzos que realiza Brasil para la protección del medio ambiente.


